domingo, 17 de febrero de 2013

AUTORRETRATO EN RADIADOR, de Christian Bobin

En primer lugar afirmaré una obviedad para quien no sepa nada de este libro: no se trata de una novela. Tampoco estoy seguro de clasificarlo como un diario: apenas deja pinceladas sobre lo que sucede más allá de la epidermis del autor-protagonista. Si fuera un diario, asimilaría sólo su disfraz. El transcurso del tiempo apenas queda constatado en el apunte de las fechas y en la efímera vida de las flores. Me explico: creo que la inspiración de las numerosas reflexiones repartidas en el calendario parte, la mayor parte de las veces, del manantial del recuerdo, en vez de arraigarse en la botánica o en los hechos acontecidos. Podrían haberse parido en un relato de un día o de varios años.

Resulta comprensible, por lo tanto, que el libro, por mucho que el autor lo adorne con un título extraño y lo someta a unas premisas acrobáticas (escribir sobre la existencia de las flores evitando la trascendencia de la muerte de su esposa) no resulte original en su temática (¿qué libro lo es?) y aborde el ser o no ser de siempre. Como acabo de sugerir, los hechos quedan resumidos en veinticinco palabras (se puede condensar más): hombre cincuentón que ha perdido a su mujer y decide escribir durante un año sobre las impresiones que le causen las flores que vaya comprando.
No busquen más acción: en un año al protagonista no le sucede casi nada.
Como el mismo confiesa (en la página 138, de la editorial Árdora Exprés) podría haber titulado estos ejercicios frustrados de permanencia en lo inasible: "Teoría de una brizna de hierba".  Otras opciones menos adecuadas serían: "La Insoportable levedad del Ser" (ya registrado por Kundera) o "Relato de l@s contrastes/contradicciones de un viudo" (mucho menos literario y comercial que "Autorretrato en radiador", por supuesto). Aunque éste último habría sido el elegido en el caso de que yo fuese Christian Bobin (así me va). ¿Por qué? Por las abundantes divergencias (voluntarias o no) que he hallado entre el intento (pretensión) y el resultado conseguido (sugestión):

Pretende ser un autorretrato (eso dice el título) pero se esboza mucho mejor el perfil de la difunta esposa que el del autor.
Pretende narrar en formato diario, pero abusa del lenguaje poético.
Pretende describir la "maravilla" del detalle más ínfimo pero recurre, a menudo, al aforismo.
Pretende cantar lo "insustancial de la vida (de las flores)" bajo la sombra de la muerte (de su esposa).
Pretende descubrirnos el mundo imprevisible de las flores al amparo de una rutina digna de lástima.
Pretende exaltar lo perecedero y fútil mientras revela huellas inequívocas de una espiritualidad subyacente.
Pretende resultar esperanzador con un lenguaje teñido de melancolía.
Pretende destacar procesos desapercibidos (por llamar de alguna manera la crónica de una flor) en unas coordenadas repletas de espacios comunes y nombres genéricos.
Pretende buscar un orden superior en la naturaleza mientras demuestra el caos perezoso de su vida (como ejemplo lean la pág. 121, viernes 17 de Enero).

Y como conclusión (o apostilla de mi ridícula hipótesis), el libro se cierra con dos frases esclarecedoras: "Todo en él está en movimiento. Todo en él está en calma."

¿Cómo evitar la tentación de añadir que todo en él podría gustar; todo en él podría resultar indiferente?  

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