jueves, 10 de julio de 2025

LOS CIMIENTOS DE LA VIDA

Quizá porque ya no somos niños y nuestra imaginación ya no configura el escenario. Quizá porque nos hemos disfrazado demasiado. Quizá porque aprendimos a escribir caligrafía entre líneas… Pero ya no podemos mostrarnos tal y como somos. Ya no sin la estructura rígida de un acto protocolario, un evento periódico o un programa diseñado. Quizá sin la excusa de un café o sin el abrigo relajante de un vino ya no hallamos nexos para compartir lo que somos. Y nos sobra soledad y rutinas. Y miedo a que pase el tiempo. Y certeza del tiempo perdido. Por eso participamos en desfiles, acudimos a conciertos, nos integramos en casales falleros u hogueras. Porque necesitamos quitarnos la ropa, enfundarnos la chilaba o integrarnos con un fajín y zaragüell. Necesitamos unas coordenadas reales para ubicar nuestra alma y mezclarla con otras cercanas. Somos las mismas letras (cada una pintada con una caligrafía distinta) pero encasilladas entre renglones. Nos han acostumbrado. Hemos ido perdiendo la brújula de la infancia. La que orquestaba todo. Quizá tantas ofensas y frustraciones nos trajeron las convenciones. Para no echar sal en las heridas. Para poder soportarnos mejor. 

Que nos necesitemos de cuando en cuando resulta, bien pensado, una paradoja. 

sábado, 2 de septiembre de 2023

El inicio del amor

El amor empieza a suceder cuando nos usurpa el papel protagonista de nuestro guión un personaje basado en otro libro. 

miércoles, 7 de junio de 2023

La paradoja existencial

 

Somos una infinidad de reacciones integradas, un abanico de evolución asimilada, una complejidad exponencial de tejidos dinámicos; sin embargo, carecemos de perspectiva teleológica, no encontramos una justificación razonable a nuestra existencia. Somos tan genial y laboriosamente construidos y a la vez tan prescindibles como humanos, tan poco originales como individuos, que buscamos en vano la eternidad durante este breve suspiro como si fuésemos conscientes de este milagro que nunca pedimos, que nos fue concedido sin merecerlo y que tememos perder para siempre.  

sábado, 10 de diciembre de 2022

Metalenguaje

Enigmático arte de las palabras:

nunca encuentran el ser y son la savia.

La metamorfosis

Todo sucede sin querer. Quizá el principio sea ese instante cuando despiertas a la vida y tu ingenuidad descubre la belleza. A partir de entonces eres ya prisionero y deseas ascender por una espiral desenfrenada de máscaras y escaparates porque confías construir allí un refugio a tu medida. Se trata de un error común propiciado tal vez porque guardas en el fondo de tu ser una atávica convicción de pertenencia a un escenario. Y este paso inicial, este trote divertido, acaba convirtiéndose en una carrera interminable detrás de metas artificiosas poco gratificantes. En este punto puedes llegar a perder tu identidad y autoconvencerte de que no persigues sombras, de hecho puedes simplificarlo todo a objetos tangibles y reales creyendo incluso que estás en posesión de la verdad... O puede ser que un día te canses, quizá te detengas por cualquier circunstancia y te dañe tiempo a pensar que la peonza sigue girando igual sin tu presencia; siempre en el mismo sentido, previsible, aunque no comprendas nunca sus mecanismos... Con suerte ese momento indeterminado de tiempo que ha ido germinando en tu conciencia, te permite otear tu sitio vacío y percatarte de que eres solo una viruta más de polvo, idénticas todas en su afán de adherirse en cada vuelta. Tal vez te rías, o llores, pero el hecho diferencial es que te desprendas. Los demás te mirarán extrañados. Intentarán ayudarte sin soltar su amarre; su unanimidad alimentará tu duda... no cedas. Nunca podrán comprenderte: su pensamiento sigue el momento de la inercia. Se irán aislando de ti hasta considerarte peligroso para su intereses. Si llegas a este punto ya no te convencerán sus soluciones y en esta caída (no sucede enseguida el desprendimiento) irás apreciando mejor las cosas sencillas, desnudas, ajenas a focos y sombras, que siempre estuvieron ahí. Después (es consecuencia inevitable) se despejarán las metas del horizonte y las cosas perderán su valor. Aquí ya no hay marcha atrás: sólo tú puedes dar valor a lo que vives. Si se desprende la fachada del miedo, del odio, de la envidia, de la ambición solo queda amor... ¡Amas!... ¡Podrás amar y regalar tu tiempo sintiendo placer por ello, sin esperar ningún eco! La muerte irá dejando de preocuparte y la nada inexorable ya no parecerá tan mala salida. Eres aire, parte de la nada y del todo a la vez: ¡no hay ninguna responsabilidad, vuela!... ¡Volarás, efímero y etéreo!... 

Pero escríbelo. 

Apúntalo todo antes de que se diluya la emoción. 

Aunque nadie más lo lea. 

Verbalizar la confusión y el desahogo te aliviará y tal vez te consolará otro día pésimo (mientras giras en la vorágine del mundo). 

Puede ocurrírsete leerlo y así recordar que sólo aquella persona que se desprende del mundo vale la pena. 

O no lo entiendas (pero te parezca bello).

O entiendas algo diferente (según las circunstancias).

Podrías estar en desacuerdo incluso.



jueves, 18 de agosto de 2022

La cadena de la vida

La cadena de la vida cobra sentido en el momento que un padre teme más la lanza que amenaza a sus hijos que la que lleva clavada en su costado.


Antigravitatorio

Solo cuando un amor es capaz de derrotar a nuestro amor propio disminuye la gravedad de la muerte y la sombra que ésta proyecta más allá de nuestro fin.