Antonio
Machado decían
que
barajaba lo real y lo soñado,
la
poesía de la melancolía,
“Soñar
nuestro sueño”, soñar algo.
Yo
no conocí
a
Antonio Machado.
En
su fotografía se refleja
un
excelso vislumbrar cansado.
Parece un verso monótono
anhelando, desde su pedestal,
un
cambio. Decían que buscó
por los campos perdidos
por los campos perdidos
esperando
encontrar algo.
Soñaba su sueño, soñaba algo.
Yo
no sé quién soy
y
llego a casa silenciado
aunque considere que
proclamo
que
esta tierra no tiene remedio,
tanto
egoísmo, tanta opresión
al
proletariado…
Podría
ser Antonio Machado
sin
saberlo, a pesar de estos versos malos
sobre
una historia reiterada
en la que contribuyo a diario;
podría contar que tengo un sueño,
creer
en eso, creerme algo...
El
proletariado no me conoce:
quizá
tampoco les importe Machado
dada
su precariedad
pero
es mi homenajeado,
y no hay muchas verdades que decir
que puedan arreglar la vida.
Todo sigue como siempre, se ríe a mi lado.
No
le he visto nunca así, maestro.
Y contesta que mejor no hablar del canon.
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