domingo, 9 de septiembre de 2012

ESPIRALES DE DELIRIO




La sonrisa contenida, sombra incompleta
del silencio, sainete entre dos actos, es falsa.
Prefiero los hombres que se ríen
De sí mismos y de las palabras
Para combatir las voraces penas
En una espiral de desidia aplacada
Por el brazo persuasivo del pensamiento.

La risa intempestiva, sombra estridente
de un verso, sainete de dos caras, me mata.
Prefiero los hombres que se rigen
Por principios huecos de palabras
Y buscan a diario entre la ausencia
En una espiral de fracasos aplacada
Por el brazo persuasivo del olvido.

El alma prisionera, sombra impulsiva
Del intelecto, sainete entre amantes, salta
A veces sobre los preceptos de la razón
Pero teme imponerse a menudo
Y arrebatar el poder de la costumbre
En una espiral de locura aplacada
Por el brazo persuasivo de lo correcto.

Y somos infelices por eso.
Por tantas jornadas desubicadas
entre el día y la noche;
por tantas jornadas registradas
en el calendario de nuestro escritorio
sin un miserable epitafio al margen;
por los imprevistos del programa.
Somos infelices por casi todo,
Por las contradicciones obvias
De nuestro limitado razonamiento,
Por esperar la eternidad, por ejemplo,
Y traicionarla en cada instante
En una espiral de gravedad aplacada
Por el brazo persuasivo de lo efímero.

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