viernes, 14 de septiembre de 2012

EL VIENTO MEDIDO



Las boñigas del vicio flotaban sobre el aceite de la calzada
cuando los grandes monumentos, las estatuas siempre grandes
De clandestinos homínidos, aplastaron las calles
que las hormigas derrochaban como cigarras.
Y luego el desorden. De repente vino un precipicio
de las ciudades ordeñadas por cuadrículas.
Vino un desarte, una ruina asimétrica, un desahucio jornalero
De movimientos humanos, unos impuestos sintéticos,
Una lluvia de ácido formulada y jerárquica
Que se llevó el pueblo, por el río, a un mar que no existe.

¿Cuántos oímos reventar nuestras sienes? ¿Cuántos
huimos de la nada a la nada por la rutina perseguidos?
¿Cuántos pedimos limosna al viento medido
mientras buscábamos el aire que nos correspondía?
¿Cuántos ahorramos nuestro llanto que corría
Por el río a un mar que no existe?

Los que fuimos nadie no somos números, ni casi todos
Sino alguien detrás de una solución.
¿De qué sirve tapar agujeros, vaciar hormigueros,
Envenenar a las ratas, sacar la basura a la calle
Si no se engaña el hambre y el río corre,
El río corre, amigo, mientras escapamos
De un laberinto de cerillas, el eco de los disparos se oye,
Se van rompiendo las cuerdas de los violines
En ese mar que no existe.

El aire no es justo, el aire no corresponde a nadie,
El aire no tiene dueño. Han encerrado el viento.
¿Por qué encierran el viento? ¿Alguien entiende
Lo que está pasando? En el cielo se tejen telarañas
De información. Todo en el río es información. El río corre
Sin detenerse. Y yo no entiendo. ¿Había justicia, pueblo, aire?
¿Nos espera ese mar que no existe?

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