martes, 9 de octubre de 2012

Esperando un protagonista

Pensaba en el "panorama actual" que nos ha tocado vivir... El "panorama actual" es, para mí, un cuadro grotesco de imágenes manieristas que sugieren una crisis monumental: parados manifestándose por la pérdida de poder adquisitivo, parados desahuciados, parados con hijos hambrientos, parados separados por vallas de sus representantes políticos, parados clamando contra la especulación germanófila, parados catalanes luchando por la independencia, parados españoles defendiendo la integridad del estado, parados españoles oprimidos por la corrupción institucional que esperan la liberación alemana...
Huelga decir que no me gusta nada el "panorama actual". Una de las perspectivas más deprimentes resulta el conjunto de ideas y conceptos, parados como estatuas, que sigue siendo. Digamos que todavía es una fotografía desconcertante, a pesar de la información o precisamente por la saturación de información, de la que no se deduce el final de la película. Ni siquiera ha aparecido el protagonista (o, si ha aparecido, todavía resulta indistinguible para el espectador de cualquier secundario).

Sabemos de dónde venimos. Permítanme un análisis profano y somero. De una sociedad industrial concentrada en fabricar productos de calidad intermedia pero con amplio margen de ganancia, pasamos a una "burbuja inmobiliaria" (que disfrazó la muerte de nuestra industria acomodada, en un abrir y cerrar de ojos, a manos de países como China) y de ahí, al panorama actual. Conocemos a los culpables, aunque no podamos identificar su rostro (se ocultan de la cámara tras la burocracia). Me refiero, en primer lugar, a los responsables de no fomentar una industria de calidad que resistiese la previsible explosión mercantil de países en vías de desarrollo (España ha sido antes China, con sueldos inaceptables y condiciones laborales deplorables). En segundo lugar, a los responsables de disimular esta crisis inevitable con la "burbuja inmobiliaria". En tercer lugar, a los responsables de gestionar la solvencia de las operaciones bancarias.

El problema es que la cadena de culpabilidad no concluye ahí, sino en cada uno de nosotros. Todos los que nos retorcemos en ese cuadro goyesco, fomentamos la crisis en mayor o menor medida. Es cierto que los Bancos han actuado en aras de su interés exclusivo, es cierto que los políticos de turno se mostraron incapaces de frenar esos ímpetus que acabarían por romper, más pronto que tarde, las leyes del mercado (las hipotecas permiten gastar el dinero que ganaremos en veinte, veinticinco o treinta años), es cierto que la Justicia ha sido y es demasiado permisiva con la corrupción, pero la mayoría de nosotros no fuimos ni somos capaces de mover un dedo. El que más y el que menos ha acudido a alguna manifestación o huelga, pero seguimos confiando en el sistema y esperamos (¿dos años, diez, veinte?) que "todo se arregle", que Europa rescate a nuestros bancos con el menor interés posible, que nuestros bancos compren deuda del Estado (a cambio de un interés notablemente más alto que el europeo). Algunos confían en recuperar la calma (y el crecimiento del PIB), cuando nuestros bancos se recapitalicen y presten dinero a los empresarios. Otros creen que pronto se va a montar una buena... Pero todos intentamos mantener la cabeza por encima del agua mientras nadamos a favor de la corriente.

Pensaba cómo enfocaría este "panorama actual" el espectador que ya conoce el argumento de la película. Sale del cine y dice: ¿pero qué coño hacía esa gente?, ¿no veía lo que estaba pasando?, ¿por qué se cruzaron de brazos hasta que se produjo lo inevitable?
No entenderá por qué no apareció el protagonista mucho antes (quizá el guionista resuma con palabras y secuencias rápidas estos años de zozobra con tal de no aburrir al espectador).

Tengo la sensación de que soy uno de esos campesinos oprimidos por el señor feudal, al que le arrasan una y otra vez los campos. Busco a mi familia e intento mantenerla a salvo y empezar de nuevo tras el fuego, ajeno a lo que cuentan los libros de historia. Mi "panorama actual" es tan limitado como el suyo, a pesar de Internet. La información ejerce en nosotros un efecto similar al pobre hombre de provincias, tan recurrido en nuestra filmografía, que observa por primera vez el mar y siente su pequeñez.

Sabemos lo que hay que hacer: desprivatizar los Bancos rescatados, reestructurar la administración y eliminar duplicidades, mantener la sanidad pública mejorando su deficiente gestión, potenciar a las empresas que desarrollen productos de calidad exportables, castigar a los que roban con dinero en vez de cárcel, mejorar la educación premiando a los centros con mejor rendimiento académico, eliminar los sueldos de los asesores... Ya que los políticos son profesionales, sus gravosas y erróneas decisiones deberían poder juzgarse por vía civil. Ya que los políticos se presentan de manera voluntaria para el cargo, tanto el sueldo como sus privilegios actuales deberían someterse a referéndum popular.
 


Estas proclamas de los buenos resultarían insuficientes para “arreglar el panorama actual”, zarandeado por intereses capitalistas como la especulación y la ausencia de valores morales, pero sí que daría más esperanza para el futuro de nuestros hijos.

Resignados como estamos, sólo podemos esperar que no sea uno de ellos el protagonista de la película y que el desenlace se resuelva cuanto antes.

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