Stevenson se equivocaba en “El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde”: no hay dualidad
más trascendente que Ser y No Ser. Esquivando la imagen de la calavera de Shakespeare,
imagino a Ser como un niño eterno, desnudo y solitario. A pesar de su
inmortalidad, resulta tremendamente frágil ante la observación del No Ser. Es
rechazado por el No Ser. Molesta al No Ser.
La siguiente escena se repite en algunos cuentos: un niño
(aunque podría tratarse de un anciano anclado en la infancia) es expulsado de
casa. Los familiares han cerrado la puerta y el niño sabe que permanecen
atentos detrás de las ventanas, conscientes de la atrocidad que cometen al
echar a uno de los suyos (a un semejante que les recuerda lo que tanto desprecian
de ellos). Parece que no le preocupa el frío, ni el hambre, ni la muerte.
Hubiera preferido quedarse recluido en su habitación, molestar lo menos posible
y no ser molestado… Pero el niño sigue sus pasos sin importarle el destino. No
pide auxilio ni se lamenta por la injusticia. Sigue pensando. Sospecho que
pensará a menudo en el No Ser, en lo ridículos que son sus actos, sus trajes. Trata
de comprender el motor de sus pensamientos. Se cruza con otra gente, por
supuesto. La mayoría desfilan como sombras por su lado. Es la mayoría que
guarda las imposturas, con la que está incapacitado para comunicarse. Por eso
habla poco. Sólo alguien y, (esto es importante, muy importante) en momentos
muy reservados, logra establecer comunicación con Ser.
Entiendo que a ese niño le importará un comino el Nobel y
todos los artificios del No Ser. Quizá ese niño nació y envejeció con ese
defecto congénito; quizá el No Ser sólo puede desarrollarse durante una etapa
de maduración determinada, cuando la inteligencia no está lo suficientemente
madura para rechazarlo. Visto desde la perspectiva de la mayoría: Ser es un
individuo inútil e infeliz. Si no se ha adquirido o desarrollado el No Ser,
parece imposible optar a algunos instantes de felicidad por los que desear
seguir vivo. La vida es No Ser, el imaginario de No Seres. Sólo No Ser puede
permitirse anestesiar su conciencia. No Ser es un profundo letargo, un pacto
sobre muchos pactos, una mentira con gran poder de convicción.
Imagino a No Ser como una multitud de adultos perfectamente
vestidos porque hay muchas maneras de No Ser (dudo que exista más de una manera
de Ser). Algunos No Son siempre: es lo más habitual. Son los engranajes del
sistema: los grandes trabajadores, los grandes ricos, los grandes benefactores,
los grandes malvados. Porque el bien y el mal son disquisiciones que
corresponden al No Ser. Se puede No Ser viviendo para uno mismo o viviendo a
través de los demás (el Ser no vive, es una sombra independiente de la vida que
quizá se prolongue, o no, tras la muerte).
Beckett es, por esto, uno de mis escritores favoritos.
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