Ese íntimo
aliento nocturno
Acecha mis
manos vacías
Y libres de
tantas culpas.
Yo no sé cómo
vino
desde el reino de
la nada oculta;
yo no sé cómo
lo traje... No hay alivio
En su arena infinita.
La
contradicción de la muerte
Va cubriendo
mis pies incautos.
Si el tiempo
acelera en el viento,
Apenas mueve
las olas.
Me encuentro
solo. Buceo
En el silencio
más absurdo
Del
pensamiento. Parece
Que la sombra
del mar se desplome
Como una losa
en el alma…
¡Parece todo tan
insignificante y perenne...!
Cualquier
palabra -imaginada
en un sonámbulo
reducto
De vida que
vivió una vez-
frustra el escenario
del paisaje.
La soledad y
lo eterno
corren juntos
bajo las aguas.
Somos nombres combustibles
mientras ese
íntimo aliento nocturno
malgasta las
horas sobrantes
repitiendo que
sentir es saber,
que sentir es...
Yo sabía
un paréntesis
de conceptos
efímeros que ya
no sé.
¡Todo parece ahora
tan falaz...!
Mi persona ya no
se estremece
Suficiente.
Querría recuperar
las vendas que
he ido perdiendo,
volver a creer algunas
mentiras...
Aún creo que creo
en esa bruja noche que palpita
en esa bruja noche que palpita
Debajo de mis movimientos.
Busco lágrimas secas, perdidas
Cuando no era. De hecho,
yo
nunca quise ser.
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