sábado, 29 de diciembre de 2018

TOLEDANA


Parece que el Sol se rinda
lento en los tejados
Renunciando a las calles
Con una preocupación infinita:
Las piedras se juntan
para devorar la luz.

En cada paseo su memoria
revive en el brillo de una sonrisa
mientras muere en la sombra.
Todo se resume en la escarcha
Que reconquista la hiedra
y en un tímido vacío de minuto
donde cabalga el viento diminuto
A interponerse
Entre el muro y el silencio.

Busco una espada que divida
el horizonte de lo tuyo y de lo mío.
Mis contradicciones perforan
Tu honesta coraza castellana
Para que el alma ciudadana
desnude enseguida
la mentira subyugada
Por tantas y tantas murallas.

Soy o no soy prisionero del amor.
Soy o no soy. Alimentas mi estertor
Con la esperanza de un amor
Y mi querer en el olvido.
El cielo agita su falda de aurora
rígida de preceptos y costumbres,
sobre tu piel beata de roca
Mientras me deslizo entre nubes.

Ojalá corriera la estirpe
de tu escarcha por mis venas
Y cabalgara tu viento diminuto
Mi corazón acorazado,
Rendido por la inexorabilidad
de una pasión imposible.

Engullido por el orgullo
De un linaje, caballero de penas,
contemplo tus guerras
Contra el espacio y el campo libre.
Enamorado del sol
Desde tu refugio de sombras
Te pareces un poco a todos
los fracasados de la historia.

Aunque tus piedras crezcan hasta devorar la luz.
Tapias, casones, iglesias
Angostan las calles para la lucha
Conjunta contra el mismo enemigo.
Sólo son imágenes de un cobarde
Que se yergue contigo,
Que sujeta tu espada
En vez de miedos, durante un instante.

Es hermoso sentirse solemne una vez,
luchar y buscar piedras para tapar
un Tajo de sangre que corre
por tus murallas.

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