sábado, 9 de febrero de 2019

Al cruzar el meridiano de la vida

La ventaja de cruzar el meridiano de la vida es que ya podemos otear la meta. Hemos dejado atrás la cima y nos hemos librado del oneroso fardo de las ilusiones baldías. Aunque hemos perdido los bríos juveniles, aprendimos dónde y cuándo emplear nuestra justa fuerza. Acostumbrados a las maniobras bruscas de la vida conocemos cuál es nuestro nicho en el ecosistema artificial, y qué porción de fortuna debemos esperar del destino (si éste no fuera tan arbitrario). En el ocaso de la ladera que desciende recordamos la exigua diferencia entre el sabor efímero del éxito y del fracaso; que cada persona deja una estampa diferente en cada sello que regala a sus vecinos; que esa imagen de la que nos desprendemos a menudo escapa del control de nuestra voluntad; que el triunfo se refleja siempre en un espejo que sólo ven los demás y que el talento es un ingrediente desconocido que a menudo se confunde con el reconocimiento; que la paz de espíritu transcurre por sendas distintas a las publicitadas y que nada nos importará más que el amor regalado y la búsqueda de esa paz de espíritu escurridiza cuando alcancemos la meta.

No hay comentarios:

Publicar un comentario