Ayer fue un día triste para mí, de los que no te apetece hacer nada salvo releer viejos poemas al amparo de una música excelsa.
La música era "Un ballo in maschera" de Verdi y este uno de los poemas. Lo escribí en 1996, dos años después de la muerte de mi padre.
Este es tu homenaje, papá.
Desperté en una fotografía
Sujeto por tus fuertes manos.
Creía que sujetabas el
tiempo
Con el sueño entre mis
labios.
Los árboles que podamos
agradecían tus cuidados.
El viejo patio que tú
construiste
Fumaba contigo un cigarro.
¡Hasta el ciclomotor que me
regalaste
estaba diciéndote tanto!...
Yo, en cambio, permanecía
callado,
Amarrado a tus fuertes manos
que no cesaban de apretar
tornillos,
y edificarme tejas de
proyectos,
y señalarme infancias
responsables
con el aceite de sus uñas
pero hablar contigo no.
Era como un verano apretado
Entre las huellas de tu
trabajo,
Imaginaba, eso sí, un mundo
seguro
Gracias a ti, junto a tu
lado,
Dando por sentado, pero lo
otro no.
Cotilleaban las pérgolas
nocturnas
Las fogatas incandescentes y
las verduras.
La brisa de las estrellas
acaloradas
Y el maíz crujiente de las
veladas braseadas
reflejaban migajas de tu
estampa
pero yo no…
El tiempo debe sujetar las
almas traviesas
Que quieren partir en busca
de recuerdos.
¡Tu muerte me ha robado
tantos!
Es la terrible venganza que
gasta
a los que se creen
invulnerables:
cambia escenas de momentos
por huecos de palabras
extrañas.
Debemos ser olvido involuntario,
Debo haber sido olvido
culpable
Por ser feliz contigo y con
casi nada
Porque sino yo…
Esta elegía, estos
miserables versos,
Ese mensaje que no te dije,
Esa impotencia de hablar
sobre cosas
Cotidianas que la muerte
frustró,
Aquel no se qué, aquello soy.
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